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Declaración de Fe
DECLARACIÓN DE FE DE LA IGLESIA BÍBLICA URBANA[1]
I. Estos son los puntos esenciales de nuestra fe, innegociables y afirmados por todos los miembros de esta iglesia:
- Creemos en un solo Dios Trino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo;
- Creemos en la inspiración, autoridad y suficiencia de las Sagradas Escrituras;
- Creemos en la plena humanidad y plena deidad de nuestro Señor Jesucristo, el único mediador entre Dios y los hombres;
- Creemos que, desde la Caída, la raza humana está perdida y separada de Dios, completamente corrompida en su pecado, por lo tanto, es merecedora de la justa ira y condenación divina;
- Creemos en la encarnación virginal, expiación vicaria, resurrección y en la ascensión de Jesucristo;
- Creemos que la salvación es una obra exclusiva de Dios, y que es recibida por el hombre por la gracia de Dios, a través de la fe solamente en Jesucristo solamente;
- Creemos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, afirmamos la comunión de los santos, la remisión de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna;
- Creemos en el regreso físico y glorioso de nuestro Señor Jesucristo, nuestra bendita esperanza;
II. Esta es la declaración de fe de la IGLESIA BÍBLICA URBANA, afirmada por todos sus pastores, presbíteros y líderes:
1. Bibliología
Creemos que las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, es decir, los 39 (treinta y nueve) libros del canon veterotestamentario[2] y los 27 (veintisiete) libros del canon neotestamentario[3], son verbal y plenamente inspirados[4] por Dios, y que constituyen nuestra regla suficiente, cierta e infalible del conocimiento para la salvación, así como única regla de fe y conducta para la Iglesia de Cristo. Las Sagradas Escrituras son fuente de vida para el cristiano y la Iglesia, y poseen «perfecciones» que contribuyen para su capacidad de transformar radicalmente a la vida de aquellos que siguen a sus enseñanzas. Entre las perfecciones de las Escrituras se pueden destacar la inspiración, veracidad (lo que incluye inerrancia, infalibilidad y confiabilidad), perspicuidad[5], suficiencia[6] y autoridad.
Por lo tanto, entendemos que la autoridad de las Escrituras no depende ni es basada en el reconocimiento de cualquier hombre, iglesia, o eventual atribución de cualquier tipo, sino que es fundamentada en el hecho de que cada palabra que existe en el texto de las Sagradas Escrituras es Palabra de Dios y ha sido soplada por el Dios verdadero. Es decir, Dios es la fuente del texto de las Escrituras, de manera que rechazar, no creer y/o desobedecer al texto de las Sagradas Escrituras significa rechazar, no creer y/o desobedecer al propio Dios, el Autor supremo de las Escrituras.
Afirmamos que, en sus manuscritos originales, los textos de las Escrituras están libres de errores y que no afirman nada que contradice a los hechos[7]. Por ser un texto que es la expresión del Dios perfecto y verdadero, entendemos que el texto de las Escrituras siempre dice la verdad referente a todos los temas que toca. Entendemos que una confesión de la autoridad, infalibilidad e inerrancia[8] de las Sagradas Escrituras es vital para comprender correctamente la totalidad de la fe cristiana, así como para interpretar y evaluar la realidad correctamente. Por lo tanto, la Escritura es el fundamento más seguro para la posibilidad de conocimiento de cualquier naturaleza[9].
Entendemos que las Sagradas Escrituras tienen como tema central la Persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo, es decir que todas las porciones del texto bíblico, incluso los pasajes del Antiguo Testamento, solamente pueden ser correctamente leídas e interpretadas a la medida que señalan y revelan al Hijo de Dios[10].
2. Teontología
2.1 La Trinidad[11]
Creemos en un único Dios vivo y verdadero, cuya subsistencia está en él mismo y proviene de él mismo, invisible, omnipotente, creador de las cosas visibles e invisibles, que habita en luz inaccesible, inmortal, independiente[12], espíritu (no es físico)[13], completamente amoroso[14], pleno en gracia, celoso, benévolo, benigno, eterno, misericordioso, personal (no es una fuerza impersonal)[15], infinito[16] en su ser y perfecciones, auto-existente en él y para él, incomprensible[17], inmutable, glorioso, bello, santo, recto, puro, justo, completamente libre, soberano y absoluto, que es la fuente de toda existencia, desde quien, a través de quien y para quien son todas las cosas, y que existe necesaria y eternamente en comunión pericorética[18] de tres Personas distintas, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Afirmamos que, en la unidad de la deidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son de una misma substancia, indivisible, compartiendo de los mismos atributos y perfecciones, y que los tres, aún que Personas distintas, son un único Dios[19]. Afirmamos que el Padre no es hecho de ninguna cosa, ni creado, ni generado; el Hijo es del Padre solamente, no hecho, ni creado, sino eternamente generado del Padre; el Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni generado, sino que de ellos procede[20].
Afirmamos que, en la economía trina, las Personas de la Trinidad, aunque iguales y de misma sustancia, ejecutan roles distintos con relación al mundo. En la creación, el Padre ha proferido las palabras creadoras para generar el universo; el Hijo ha ejecutado los decretos de la creación; y el Espíritu Santo manifestaba la presencia inmediata de la Trinidad en la creación. En la redención, el Padre es el arquitecto del plan redentor, eligiendo para sí a todos aquellos que serían salvados; el Hijo ha ejecutado el plan en su encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión, redimiendo a aquellos que fueron elegidos por el Padre; el Espíritu Santo opera la obra de salvación, sellando, habitando y siendo Él mismo la garantía en aquellos que fueron elegidos por el Padre y redimidos por el Hijo[21].
2.2 Dios, el Padre
Creemos que Dios, el Padre, es la eterna fuente y sostén de toda la existencia creada, de las cosas visibles e invisibles. Es desde el Padre, que tiene vida en él mismo, que es originada toda la vida que hay en el universo. Creemos que el Padre es el centro de toda la esencia y actividad divina, y desde quien el Hijo es eternamente generado, y el origen, en conjunto con el Hijo, de la procesión de Espíritu Santo, siendo el Padre el sostén de la unidad trina[22].
Creemos que el papel del Padre, entre otros, incluye: (a) ejecutar su reinado, gobierno y dominio soberano sobre todas las cosas, visibles e invisibles, haciendo todo según el puro afecto de su voluntad; (b) ser el Justo Juez desde quien es originada toda verdad, moral y rectitud que se manifiesta en toda la creación, revelando a su carácter de justicia; (c) elaborar la obra de la redención como bondadoso reconciliador[23].
2.3 Dios, el Hijo
Creemos en el Señor Jesucristo, el Hijo Unigénito del Padre, Dios verdadero y hombre verdadero[24], el único mediador entre Dios y los hombres, el cabeza y salvador de su Iglesia. Afirmamos que Jesucristo fue encarnado por obra del Espíritu Santo, generado en el vientre de la Virgen María. Afirmamos que, en su encarnación, es decir en el despojarse[25], Cristo ha tomado completamente la naturaleza humana en todas sus propiedades esenciales, ha nacido de una mujer, de la tribu de Judá, de la descendencia de Abrahán y David, conforme a las Escrituras; ha sido tentado en todas las áreas de la experiencia humana, aunque le era imposible cometer pecado. Por eso Cristo es el patrón perfecto de humanidad, amor a Dios y al prójimo, santidad, justicia, rectitud y fidelidad a Dios para todos los hombres.
Creemos que en su encarnación, en su vida en la condición de siervo y varón de dolores, en su sacrificio perfecto y vicario, en su resurrección al tercer día y en su ascensión, Cristo ha sido totalmente obediente a la voluntad de Dios, el Padre, ha cumplido completamente a las exigencias de la ley, ha satisfecho por completo a la ira y justicia de Dios, ha pagado en su totalidad la pena por nuestro pecados, ha soportado el castigo que a nosotros correspondía, que deberíamos haber recibido y sufrido; ha sido hecho pecado y maldición por nuestra causa; ha padecido, soportando las tristezas más aflictivas en su alma y los sufrimientos más doloridos en su cuerpo; nos ha redimido y reconciliado con Dios, ha conquistado nuestra justicia y salvación, ha providenciado la base para el perdón de Dios, ha adquirido una herencia eterna en el reino de los cielos para todos que le fueron dados por el Padre, y ha derrotado el pecado, la muerte y Satanás. Hoy está sentado a la diestra del Padre, como Intercesor, Sumo Sacerdote y Abogado; y volverá para juzgar a hombre y ángeles, en el fin de los tiempos, y fuera de Él no hay salvación.
Creemos que la obra expiatoria de Cristo es eficaz a todos los que Dios quiso salvar, es decir, a los que creen en Jesucristo, confiando en él para su salvación, elegidos antes de la fundación del mundo. Para esos la expiación asegura infaliblemente su salvación.[26]
Creemos que los oficios de Cristo incluyen su ministerio profético como verbo encarnado; su sacerdocio perfecto y mediador entre Dios y los hombres; y el reinado eterno, soberano y universal sobre toda la creación, visible e invisible. Es necesario que Cristo sea Profeta, Sacerdote y Rey en esta orden de oficios, pues, por nuestra ignorancia, tenemos necesidad de su oficio profético. Por nuestra alienación de Dios y la imperfección del mejor de nuestros servicios, necesitamos su oficio sacerdotal para que nos reconcilie y presente aceptables a Dios. Y para nuestro rescate y protección de nuestros adversarios espirituales, necesitamos su oficio real para convencernos, sojuzgarnos, atraernos, sostenernos, librarnos y preservarnos para su reino celestial.[27]
2.4 Dios, el Espíritu Santo
Creemos en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, el Paracleto, que procede del Padre y del Hijo. Afirmamos que el Espíritu Santo es una Persona divina[28] que ha hablado a través de los profetas y que expresa voluntad, carácter e intelecto; que comparte de la misma sustancia divina y que es adorado y glorificado junto con el Padre y el Hijo.
Afirmamos que, en la era presente, el Espíritu Santo es el miembro de la Trinidad que actúa en la Iglesia y en el mundo. Creemos que su ministerio incluye el llamamiento eficaz, la regeneración, el bautismo del creyente en el momento de su conversión, el sello, que es la garantía de nuestra herencia; la morada, la iluminación, la concesión de dones para edificación del Cuerpo de Cristo, la purificación, la revelación, el empoderamiento, el consuelo, la unidad del Cuerpo de Cristo, el convencimiento de pecado de justicia y de juicio, la ayuda y la intercesión. Afirmamos que la concesión del Espíritu Santo a la Iglesia es seguridad y certeza de que seremos conducidos a la madurez y estatura de Cristo, bien como la certeza y seguridad de nuestra salvación.[29]
Creemos que todo creyente es bautizado con el Espíritu Santo en el momento de su conversión, y que ese acontecimiento no requiere manifestaciones sobrenaturales de señales milagrosos como el hablar en otras lenguas, profetizar u otros. Creemos que las expresiones bíblicas plenitud del Espíritu Santo y ser lleno del Espíritu Santo son sinónimas e intercambiables, y se refirieren a una situación que ocurre de manera frecuente en el proceso de santificación en la vida de todo creyente. Creemos que la plenitud del Espíritu Santo, es decir la llenura del Espíritu Santo, resulta en adoración renovada, santificación, acción de gracias y compromiso en la obra de Dios, no necesariamente resultando en manifestaciones sobrenaturales, como curaciones, hablar en lenguas, etc.
Creemos en la contemporaneidad de los dones espirituales y entendemos que el Espíritu Santo, por ser Dios, es libre y soberano para actuar de la manera que quiera, potenciando a individuos con los dones y capacidades que les conceda, actuando conforme Su voluntad absoluta, sin necesitar prestar cuentas de los detalles de su acción en la Iglesia, pero sin contradecir a los principios establecidos en las Escrituras.
3. La antropología y hamartiología
Creemos que el ser humano fue creado a la imagen y semejanza de Dios en el sexto día de la Creación, y que su propósito de existencia es la gloria de Dios, su Creador. Creemos que la imagen y semejanza de Dios se manifiestan en el ser humano de maneras diversas, en aspectos espirituales, morales, intelectuales, creativos, relacionales y físicos. Afirmamos que la santidad y dignidad de la vida humana no depende de tiempo, etnia o género, de manera que hombres y mujeres de cualquier etnia son dignos de igual forma, esencialmente equiparados y se presentan en igualdad ante su Creador. Creemos que la humanidad fue creada con alma racional e inmortal, poseyendo rectitud y santidad, teniendo la ley de Dios escrita en su corazón y el poder para cumplirla, pero con la posibilidad de transgredirla, dejándosela a la libertad de su propia voluntad, que era mutable.
Creemos que nuestros primeros padres, Adán y Eva, fueron seducidos por la astucia y tentación de Satanás, y por eso pecaron[30], desobedeciendo a la ley moral escrita en sus corazones y al orden de Dios de no comer del fruto prohibido. Creemos que, por la entrada del pecado en el mundo, la humanidad ha decaído de su rectitud original y comunión con Dios, y así toda la humanidad, sin cualquier distinción, se ha tornado muerta en pecado y completamente corrompida en todas sus facultades y partes del cuerpo y alma, afectando también a toda la creación. Toda la humanidad ha muerto espiritualmente y la imagen de Dios en ella ha sido corrompida, tornándola sujeta al poder de la muerte, del mal y del maligno, y merecedora de la ira y condenación divinas. Creemos que ese estado de muerte espiritual y total separación y alienación de Dios, también llamado Depravación Total[31], ha sido transmitido a toda la raza humana, de forma que todos los descendientes de Adán heredan no solamente su naturaleza corrompida y pecaminosa, sesgada al mal, sino también la culpa por el pecado de su representante federal. Afirmamos que todo el mal que existe en la creación procede de ese pecado original.
Creemos que, con la caída en el pecado, el hombre ha perdido por completo su habilidad de voluntad para el bien espiritual que sigue a la salvación. Por esa razón, el hombre natural es totalmente reacio a ese bien, y está en condición de muerte espiritual, de tal manera que lo hace completamente incapaz de convertirse a Dios por su propio esfuerzo, ni al menos disponerse a eso.[32]
4. Soteriología
Creemos que la salvación es una obra única y exclusiva de la Trinidad: El Padre la planeó; el Hijo la ejecutó; y el Espíritu Santo la aplica[33]. Creemos que antes de la fundación del mundo, Dios escogió para si mismo hombres y mujeres de todo linaje, pueblo, lengua y nación, y los predestinó para la vida eterna a través de Jesucristo, para alabanza de su gloria. Entendemos que siendo la salvación una obra exclusiva de Dios, no hay ninguna especie de «fe predicha», buenas obras, moralidad, patrones culturales y/o religiosos, cumplimiento de ritos, ordenanzas y/o cualquier otro elemento que pueda empezar el proceso salvífico en el hombre. Afirmamos que los decretos de la elección y predestinación son incondicionales, y tienen como base el amor, la gracia y sabiduría de Dios.
Creemos que los elegidos y predestinados antes de la fundación del mundo son llamados de manera eficaz por Dios, a través de la proclamación del Evangelio[34], y son también regenerados por una obra del Espíritu Santo, a fin de que se conviertan a Jesucristo. Entendemos que la conversión es una obra del Espíritu Santo que conduce soberanamente a aquel que ha sido elegido, llamado y regenerado, para que responda de forma espontánea al Evangelio, y produciendo en él arrepentimiento verdadero por el pecado y fe salvadora en Jesucristo[35]. Habiéndose arrepentido de sus pecados y puesto su fe en Cristo solamente, ese recién convertido es justificado, es decir, Dios le declara perdonado y le atribuye la justicia de Cristo[36], asimismo le adopta, haciéndole un miembro de la familia de Dios. Creemos que justificados por la fe y adoptados en la familia de Dios, somos conducidos por el Espíritu Santo a un proceso de santificación que dura por toda la vida. Ese proceso hace con que, por el poder del Espíritu Santo, crezcamos en gracia y en conocimiento de Jesucristo, conducidos a la verdad y madurez, a la producción del fruto del Espíritu y a la semejanza con Cristo. Ese proceso de santificación en la vida del creyente se termina en la glorificación, cuando en el fin de los tiempos, recibiremos un cuerpo incorruptible y glorioso, para que seamos como Él y podamos estar eternamente con Cristo[37]. De esa manera, creemos que la obra de la salvación tiene aspectos pasados (elección, predestinación, llamamiento eficaz, regeneración, conversión, justificación y adopción), en el momento que hemos sido libertados de la penalidad del pecado; aspectos presentes (santificación[38]), mientras somos libertados del poder del pecado; y aspectos futuros (glorificación), cuando seremos libertados de la presencia del pecado.
Afirmamos que todos los cuales han verdaderamente nacido de nuevo van a ser guardados por el poder de Dios y van a perseverar como cristianos, y solamente aquellos que perseveren hasta el fin, de hecho, han nacido de nuevo. Entendemos que, aun que Dios produzca nueva vida en el cristiano verdadero y tenga la intención de conducir a sus hijos en novedad de vida, forman parte de la vida cristiana eventuales tropiezos y dificultades en la lucha diaria contra el pecado y la naturaleza caída, aunque todos esos tropiezos y hasta derrotas son perdonados bajo arrepentimiento y confesión de pecados.[39]
5. Eclesiología
Creemos que la Iglesia universal (o católica) es la reunión espiritual e invisible de todos los elegidos de Dios de todos los tiempos[40] y lugares. Creemos que la Iglesia de Cristo en su expresión invisible tuvo su principio desde antes de la fundación del mundo, cuando Dios decidió elegir para si mismo a un pueblo de propiedad exclusiva, decretando la redención de ese pueblo por medio del sacrificio del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. Afirmamos, sin embargo, que la Iglesia de Cristo ha encontrado a su expresión plena y visible en el período del Nuevo Testamento, en especial en el cumplimiento histórico de la Nueva Alianza en Cristo, en su muerte y resurrección, como también en el día de Pentecostés, con el cumplimiento histórico de la promesa del derramamiento del Espíritu Santo. Por lo tanto, entendemos que la Iglesia neotestamentaria es la continuación del Israel espiritual del Antiguo Testamento, aunque esa realidad no invalide a las promesas hechas a Israel que eventualmente esperan un cumplimiento futuro. Esas promesas, sin embargo, señalan a una realidad espiritual incautada y gozada por la iglesia en la era presente.
Creemos que la expresión local y visible de la Iglesia de Cristo está compuesta por un grupo de elegidos de Dios de cualquier tamaño, que se reúne de forma regular para adoración, comunión y edificación mutua, predicación de la Palabra y observancia de los sacramentos, o sea, la Cena del Señor (o Eucaristía) y el Bautismo.
Creemos que Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y su Iglesia es descrita en las Escrituras a través de muchas metáforas: La familia de Dios, la novia de Cristo, el cuerpo de Cristo, edificio de Dios, casa espiritual, las ramas de la vid, el olivo, labranza de Dios, columna y baluarte de la verdad.
Afirmamos que la iglesia es orientada y liderada por oficiales bíblicamente escogidos, es decir, obispos, presbíteros, ancianos, pastores y diáconos.[41] Entendemos que es dentro del contexto eclesiástico que ocurre el ejercicio de los dones espirituales de los redimidos, con el propósito de edificación del cuerpo. Entendemos también que existen muchas actividades que ocurren en el seno de la Iglesia que son utilizadas por Dios para nos conceder bendiciones, como la enseñanza de la Palabra, el Bautismo, la Cena del Señor (Eucaristía), la oración unos por otros, la adoración, la disciplina eclesiástica, las ofrendas, los dones espirituales, la comunión de los santos, la evangelización, el ejercicio de ministerios individuales, y otros.
Creemos que la Iglesia tiene una llamada para vigilar por la manifestación de justicia social, poniéndose en contra de toda y cualquier especie de tiranía e injusticia. Entendemos que es papel de la iglesia comprometerse con actividades que busquen no solamente la salvación del perdido, sino también la promoción de justicia en la tierra. Afirmamos que todo miembro de la Iglesia de Cristo es enviado al mundo como agente de reconciliación, promoción de justicia, bienestar, desarrollo y servicio. Afirmamos que cuanto más la Iglesia se comprometa con la sociedad y cultura local, a fin de promover el Reino de Cristo, más alineada se encuentra con los propósitos de la misión de Dios (Missio Dei). Entendemos que la Iglesia tiene la responsabilidad de comprometerse en asociaciones con otras iglesias, organizaciones para-eclesiásticas y organizaciones no gubernamentales, con el objetivo de promover el Reino de Cristo anhelando la salvación del perdido y la promoción del bien y de la justicia en la sociedad, así como la transformación y renovación espiritual, social y cultural de su contexto. Afirmamos que forma parte de la tarea de la Iglesia su contextualización a la cultura local, aspirando ser pertinente y eficaz en la tarea de la comunicación del Evangelio.
6. Angelología
Creemos en la existencia de seres angélicos, como enseñan las Escrituras. Creemos que los ángeles son creaturas espirituales, personales, inmortales, con poder sobrehumano, inteligencia impar, gloriosos, numerosos y organizados en posiciones distintas, lo que señala a una jerarquía angelical. Creemos que los ángeles son creaturas de Dios, y por esa razón no deben ser adorados.
Afirmamos que Satanás, el enemigo de Dios, era un ángel glorioso (querubín) que se rebeló en contra de Dios, fue expulsado de su presencia y se llevó con él la tercera parte de los ángeles del cielo. Creemos que los ángeles elegidos, los que mantuvieron a su integridad personal y a la lealtad a Dios, han sido confirmados en santidad y bondad, y actúan sirviendo a Dios en sus propósitos, así como al pueblo de Dios. Afirmamos que aquellos ángeles que cayeron del cielo junto con Satanás, también llamados demonios, han sido confirmados en iniquidad, y actúan en oposición a los propósitos de Dios y a su pueblo.
7. Escatología[42]
Creemos en el advenimiento personal y glorioso de Jesucristo. Entendemos que la «esperanza bienaventurada» de la Iglesia no es primariamente un acontecimiento, mas una persona, es decir, Cristo. Afirmamos que cuando Cristo vuelva, Él derrotará a las fuerzas satánicas, ocurrirá la resurrección de los muertos para que comparezcan delante de Cristo para el juicio final, y Él también establecerá el estado eterno, descrito en las Escrituras como «cielo nuevo y tierra nueva», en dónde pasaremos la eternidad con Cristo.
Creemos que los que mueren en Cristo van inmediatamente a la presencia del Padre[43], en el paraíso, y los que mueren sin Cristo van a un lugar de tormento consciente y eterno, separados de Dios por siempre, que se llama infierno.[44]
Referencias Bíblicas
Bibliología: Mt 2.15, 5.18; Mr 12.26,36, 13.11; Lc 24.27,44; Jn 5.39; Hch 1.16, 4.25-26, 17.2-3, 18.28, 26.22-23, 28.23; Ro 15.4; 1 Co 2.13, 10.11; 2 Ti 3.15-17; 2 P 1.20-21.
Teontología: Dt 6.4; Is 43.10-11, 45.5-7; Mt 1.23, 11.28, 28.18-19; Mr 12.29; Jn 1, 3.6,16-19, 4.42, 8.58, 14.16-17, 16.7-15; Hch 4.8,12,31, 5.3-4, 20.28; Ro 1.18-32, 8.9,23; 1 Co 6.19, 12.13, 13.8, 15.4; 2 Co 13.14; Gl 1:6-9; Ef 1, 2.22, 4.30, 5.18; Fil 2.9-11; 2 Ts 1.7-9, 2.7; 1 Ti 2.5-6; He 1.1-3,5-13; 2 P 3.9; 1 Jn 2.20-27; Ap 1.4-6.
Antropología y Hamartiología: Gn 1.26-27,31, 2.17, 3.17-18, 6.5; Sal 14.1-3, 51.5; Jer 17.9; Jn 3.6, 5.40, 6.35; Ro 3.10-19,23, 5.12-21, 6.23, 8.6-7; Ef 2.1-3; 1 Ti 5.6; Stg 4.17; 1 Jn 3.8.
Soteriología: Lv 17.11; Is 64.6; Mt 26.28; Lc 10.20, 22.32; Jn 3.7-18, 5.24, 10.10,28, 13.1, 14.16-17, 17.11,17,23; Hch 13.39; Ro 5.1,6-9, 8.29; 1 Co 3.21-23, 6.19; 2 Co 3.18, 5.1,6–9,21, 7.1; Gl 3.13, 6.15; Ef 1.3,7, 4.24, 5.25-27; Fil 3.4-9; Col 2.10; 1 Ts 5.23; 2 Ti 1.12; Tit 3.5; He 7.25, 10.10,14,22 12.10; Stg 1.18; 1 P 1.18-19,23; 1 Jn 2.1-2, 4.17, 5.11-13; Jud 24.
Eclesiología: Gn 1.26-27, 4.21-22, 18.25; Lv 19.18; Is 1.17; Mt 5.20, 6.33, 16.16-18, 28.18-19; Mr 7.8-9,13, 16.15; Lc 6.27,35, 22.19-20; Jn 3.3,5, 13.35, 17.11-23; Hch 1.8, 2:42-47, 10.47-48, 16.32-33, 17.26,31, 18.7-8; Ro 6.11-13, 8.2,4,12-13, 12.5-6; 1 Co 3.9-15, 9.18-27, 11.26, 12.4-27; 2 Co 3.18, 4.5, 5.10,18-20; Gl 5.16-23; Ef 1.20-23, 2.5-7, 4.3-11,22-24; Fil 1.27; Col 2.1-10, 3.14-15; Stg 2.14-26, 3.9; 1 P 1.14-17, 2.11; 1 Jn 1.4-7, 3.5-9.
Angelología: Gn 3.1-19; Is 14.12-17; Ez 28.11-19; Lc 15.10; Ro 5.12-14; 2 Co 4.3-4, 11.13-15; Ef 1.21, 6.10-12; Col 2.15; 2 Ts 2.4; 1 Ti 3.6, 4.1-3; He 1.14, 2.6-10; 2 P 2.4; Jud 6; Ap 7.12, 20.1-3,10.
Escatología: Dt 30.1-10; Is 11.9; Ez 37.21-28; Mt 24.15-25,46; Lc 16.19-26, 23.42; Jn 14.1-3; Hch 15.16-17; Ro 8.19-23, 11.25-27; 1 Co 15.51-52; 2 Co 5.8; Fil 1.23, 3.20; 1 Ts 4.13-18; 2 Ts 1.7-9; 1 Ti 4.1-3; 2 Ti 3.1-5; Tit 2.11-14; Jud 6-7; Ap 20.1-3,11-15.
[1] Esta declaración de fe es parte inseparable del estatuto de la Iglesia Bíblica Urbana (IBU). Es competencia del Presbiterio de la IBU la elaboración, aprobación, eventuales revisiones y cambios de esta declaración de fe. La IBU subscribe también a las siguientes declaraciones de fe históricas: El Credo de los Apóstoles (siglo III), el Credo Niceno-Constantinopolitano (381), la Definición Cristológica de Calcedonia (451), el Credo Atanasiano (siglo V), la Confesión Bautista de Fe de Londres (1689) y el Compromiso de Ciudad del Cabo – Movimiento de Lausana (2010).
[2] Los libros del Antiguo Testamento son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.
[3] Los libros del Nuevo Testamento son: San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan, Hechos, Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, Judas, Apocalipsis.
[4] Entendemos que la inspiración es el proceso en el cual hombres santos fueron impulsados por el Espíritu Santo para escribir todas las palabras intencionadas por Dios, con el objetivo de registrar un texto autoritativo, infalible, totalmente verdadero y que proviene del propio Dios (cf. 2 P 1.20-21). Entendemos que la inspiración se extiende a todas las partes de las Escrituras, sin distinciones por género literario: histórico, legislativo, poético, sapiencial, profético, epistolar, evangélico y apocalíptico. Afirmamos que la inspiración de las Escrituras es verbal, es decir que cada palabra de las Escrituras ha sido soplada por Dios; y plenaria, es decir que todas las palabras de la Escritura han sido sopladas por Dios (cf. 2 Ti 3.16, 1 Ti 5.18 [Lc 10.7 y Dt 25.4]).
[5] Entendemos que perspicuidad es el termino que describe la realidad que «la Biblia está escrita de tal manera que sus enseñanzas pueden entenderlas todos los que la leen buscando la ayuda de Dios y estando dispuestos a seguirlas». (Grudem, Wayne A. Teología Sistemática de Grudem: Introducción a la doctrina bíblica (Kindle Locations 2816-2817). Vida.)
[6] Entendemos que suficiencia es el termino que describe la realidad que «la Biblia contiene todas las palabras de Dios que él quería que su pueblo tuviera en cada etapa de la historia de la redención, y que ahora contiene todo lo que necesitamos que Dios nos diga para salvación, para confiar en él perfectamente y para obedecerle perfectamente». (Grudem, Teología Sistemática. Kindle Locations 3366-3368.)
[7] La IBU subscribe en su totalidad la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica.
[8] La doctrina de la inerrancia de las Sagradas Escrituras es así definida: «la Biblia, cuando correctamente interpretada de acuerdo con el nivel de desarrollo de la cultura y de los medios de comunicación de la época en que ha sido escrita, y considerando los propósitos para los cuales ha sido revelada, es totalmente confiable en todo lo que afirma». (traducción libre de Erickson, Millard J. Teología Sistemática, p. 222. Vida Nova.)
[9] «La revelación de Dios es el patrón último con lo cual se puede medir la veracidad o falsedad de la interpretación del universo hecha por el ser humano. Ella es la regla que determina si la cosmovisión de una persona es o no correcta». (traducción libre de Ferreira, Franklin & Myatt, Allan. Teología Sistemática: Un análisis histórico, bíblico y apologético para el contexto actual, p. 137. Vida Nova.)
[10] Cf. Jn 5.39,46 (RVR60) «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; […] Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él».
[11] En lo referente a la Trinidad, IBU subscribe integralmente al Credo Atanasiano (siglo V).
[12] La independencia de Dios es así definida: «Dios no nos necesita a nosotros ni a nada del resto de la creación, sin embargo, nosotros y el resto de la creación podemos glorificarle y proporcionarle gozo». (Grudem, Teología Sistemática. Kindle Locations 4213-4214.)
[13] Solamente Dios Hijo, Jesucristo, posee un cuerpo físico porque en la encarnación ha tomado la condición humana por siempre, y desde la ascensión y por siempre está en la condición de hombre glorificado. El testimonio bíblico, todavía, enseña que Dios es espíritu, es decir que no es compuesto por materia ni posee una naturaleza física (cf. Jn 4.24).
[14] Cf. 1 Jn 4.8,16 (RVR60) «El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. […] Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él». Afirmamos que el amor no es simplemente un atributo moral de Dios, sino una característica esencial de Él, que forma parte de su propia naturaleza o definición. Por lo tanto, el amor de Dios puede ser entendido como su eterna inclinación en donarse o en compartir a sí mismo en el ambiente intratrinitario, así como a los hombres y a lo demás de la creación.
[15] Rechazamos toda y cualquier doctrina que enseñe que Dios es una simple fuerza impersonal o algún tipo de «fuerza espiritual actuante». Según la Biblia, Dios es personal. Él es un ser individual, con autoconciencia y voluntad, capaz de sentir, elegir y relacionarse con otras persona y seres sociales (cf. Ex 3.14). Porque es personal, Dios ejerce su presencia y actúa en la naturaleza en general, en la naturaleza humana y en la historia. La teología llama a ese atributo inmanencia divina.
[16] Afirmamos que la infinitud de Dios quiere decir que Él es ilimitado e ilimitable en lo referente al tiempo (eternidad), espacio (omnipresencia y trascendencia), conocimiento (omnisciencia y sabiduría) y poder (omnipotencia).
[17] Afirmamos la incomprensibilidad de Dios en el sentido de que Dios nunca podrá ser aprehendido plenamente por conceptos humanos. Es decir que todas nuestras ideas doctrinales, por más útiles y fundamentalmente correctas que lo sean, no podrán describir completa y exhaustivamente a la naturaleza de Dios.
[18] La Perichoresis o «Doctrina de la Co-inherencia» enseña que en el núcleo indivisible de la Trinidad hay una relación de mutua habitación entre las tres personas distintas de la Trinidad.
[19] Adoptamos a la tradición Constantinopolitana cuando afirma: «Una ousia (sustancia) en tres hypostaseis (personas)».
[20] En lo referente a la controversia Filioque, IBU afirma a la tradición ortodoxa occidental, una vez que el Nuevo Testamento enseña claramente que el Espíritu Santo es procedido del Padre y del Hijo (cf. Jn 15.26; 16.7).
[21] Afirmamos que esa distinción de función entre las Personas de la Trinidad de ninguna manera implica en una distinción ontológica. Seguimos a la enseñanza ortodoxa de la Trinidad cuando afirma que hay igualdad ontológica y diversidad funcional entre las Personas de la Trinidad.
[22] Al Padre se le llama Fons (Totius) Divinitatis.
[23] Horrell, Scott. God the Father Who Draws Near. p. 9-15. DTS.
[24] Afirmamos la doctrina de la unión hipostática, como definida en el Concilio de Calcedonia (451 d.C.). Afirmamos que en Cristo dos naturalezas completas, perfectas y distintas fueron inseparablemente unidas en una única persona, sin alteración, mezcla o confusión.
[25] Rechazamos a toda y cualquier doctrina que enseñe que Cristo, en carne, no era completamente Dios o completamente humano, o todavía que proponga la kenosis como perdida o disminución de la naturaleza divina de Cristo. Entendemos que, en la kenosis, el Hijo de Dios no se despojó de su deidad, pero ha asumido completamente la naturaleza humana: «Porque en él [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (Colosenses 2.9).
[26] «Pues este ha sido el consejo soberano, la voluntad de gracia y el propósito de Dios, el Padre: que la eficacia vivificante y salvadora de la preciosa muerte de su Hijo se extendiese a todos los elegidos para dotarlos, sólo a ellos, de la fe justificadora y por eso mismo llevarlos infaliblemente a la salvación» (Cánones de Dort, II.8).
[27] Confesión de Fe Bautista de 1689, VIII.9-10.
[28] Rechazamos a toda y cualquier doctrina que niegue a la personalidad del Espíritu Santo, disminuyéndole a una simple manifestación del Padre, o todavía a una simple «fuerza activa» de Dios.
[29] Rechazamos a toda y cualquier doctrina que afirme la posibilidad de pérdida de la salvación.
[30] Afirmamos que pecado es la no conformidad a la ley moral de Dios, tanto por acciones, omisión, actitud, disposición interior o naturaleza. Afirmamos que el pecado empieza en el hombre un proceso de depravación, autonomía y alienación de Dios, y esa es la causa de la separación eterna entre Dios y el hombre, y la base de la justa condenación de la humanidad y del derramar de la ira de Dios.
[31] Cf. Confesión de Fe de Westminster (1646), VI.1-6;
[32] Por lo tanto, rechazamos al libre-albedrío humano como elemento esencial para la salvación, como propuesto por la teología pelagiana.
[33] Afirmamos la obra monergística de la salvación y rechazamos toda y cualquier doctrina que presuponga la salvación como el fruto de una obra sinergística de Dios y hombre.
[34] Creemos que «a aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, a Él le complace, en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente, por su Palabra y Espíritu, desde su estado de pecado y muerte en que están por naturaleza, a la gracia y salvación por Jesucristo» (Confesión de Fe Bautista de 1689, X.1).
[35] Rechazamos la afirmación teológica del movimiento conocido como «Free Grace» que afirma que se puede aceptar a Cristo «como Salvador» aunque no necesariamente «como Señor». Ese punto de vista proviene de Lewis Sperry Chafer, cuando dice que el Nuevo Testamento no impone arrepentimiento a los no salvados como una condición para la salvación (cf. Chafer, Lewis S. Systematic Theology, p. 376. Kregel.). El Nuevo Testamento claramente muestra que la fe es más que simplemente afirmar hechos; debe incluir la actitud de acercarse a Cristo con sinceridad, personalmente dependiendo de él para obtener salvación, juntamente a un arrepentimiento sincero por el pecado.
[36] La doctrina de la imputación de la justicia de Cristo afirma que, en el momento de la justificación, Dios considera la justicia de Cristo como algo que nos pertenece a nosotros.
[37] Considerándolo, creemos en el siguiente orden de la salvación (Ordo Salutis): a) Elección y Predestinación; b) Llamamiento Eficaz; c) Regeneración; d) Conversión (fe y arrepentimiento); e) Justificación; f) Adopción; g) Santificación; h) Glorificación.
[38] Creemos que la santificación tiene dos aspectos: un aspecto de posición, es decir, en el momento que somos justificados también somos declarados santos, en estado de separados por Dios y para Dios; y también el aspecto de proceso, es decir, desde el momento en que somos justificados, empezamos un proceso de crecimiento en santidad, día a día, hasta el momento de la glorificación.
[39] Rechazamos la noción de santificación completa, como propuesta por gran parte de los Wesleyanos. Afirmamos que, por ser una nueva creatura, el cristiano no es más guiado por el pecado; por otro lado, todavía peca. Dicho de otra forma, el comportamiento del cristiano no es y nunca será completamente coherente a su nueva identidad en Cristo mientras él habite en esa carne.
[40] Rechazamos la enseñanza dispensacionalista que afirma que la Iglesia empezó en el día de Pentecostés, distinguiendo a los santos del Antiguo Testamento de los cristianos del Nuevo Testamento.
[41] Entendemos que las expresiones obispo, presbítero, pastor y anciano son expresiones sinónimas e intercambiables que se refieren al líder de la iglesia local, separado para el liderazgo de la comunidad local, el cuidado del rebaño y de la enseñanza de la Palabra de Dios, con requisitos descritos en 1 Ti 3.1-7 y Tit 1.6-9, por eso, afirmamos una posición complementarista en cuanto al presbiterato.
[42] Por decisión del Presbiterio de la Iglesia Bíblica Urbana, la presente declaración de fe busca no definir una posición escatológica específica, porque entendemos que podemos convivir en armonía teniendo posiciones distintas a ese respeto.
[43] Rechazamos toda y cualquier doctrina que enseñe alguna especie de Purgatorio para purificación del alma antes de la entrada del cristiano a los cielos.
[44] Rechazamos toda y cualquier doctrina que niegue a la realidad del infierno o que afirme alguna especie de aniquilacionismo.