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Creo en la Trinidad

Bienvenido al sitio web de la Iglesia Bíblica Urbana y aquí seguimos con un nuevo texto de esa serie de artículos en la que analizamos en qué creen los cristianos. Hoy arrancamos con el tema central para entender ese tópico: vamos a sumergirnos en el Credo de los Apóstoles. Esta declaración es un resumen esencial de las creencias más centrales y unánimes de la fe cristiana, aquello que todas las iglesias cristianas, sin excepción, aceptan.

Como dicho en nuestro primer texto, la fe cristiana está, de hecho, fundamentada en la Biblia. Por eso, el Credo de los Apóstoles no es más que un compendio de las principales verdades bíblicas que todos los cristianos consideran evidentes. En otras palabras, el Credo está totalmente basado y cimentado en la propia Biblia.Su estructura, por ende, refleja la respuesta central a todo lo que la Biblia enseña: la fe en el Dios verdadero y su obra. Toda la Biblia es, en esencia, una gran historia que nos revela quién es el único Dios verdadero y cómo ha actuado e intervenido en la historia del mundo. Desde la creación, pasando por el pecado de la humanidad y sus efectos, hasta enfocarse en la redención, es decir, lo que es la solución a ese estado problemático, para finalmente desvelar la consumación de su plan divino.

CREDO: Más que una palabra, una declaración

Por eso, el Credo comienza precisamente con esa palabra: CREDO. Del latín, como bien imaginarás, de donde proviene nuestro verbo «creer»: yo creo. El cristianismo nace de la fe, de la creencia. Pero este concepto de fe y creencia es muy distinto a la noción popular que a menudo se maneja hoy en día.

Creer, o tener fe, en primer lugar, no significa darle vacaciones a tu cerebro y abandonar la razón. Todo lo contrario. La creencia, específicamente la cristiana, ve la razón como una herramienta fundamental. Sin lógica, sin pensamiento profundo y deliberado, no habría cristianismo.Seguro que en el futuro profundizaremos en esto, pero por ahora, basta con decir que la creencia cristiana es un sistema de pensamiento completo. Un sistema que abarca toda la realidad existente: desde la filosofía, las ciencias, la sociología, la psicología y todo lo que puedas imaginar de tu vida cotidiana, no solo tu relación con Dios. Definitivamente, no es algo irracional que debas «tragarte» después de un lavado de cerebro, ni un par de muletas para sentirte mejor en la vida, como a menudo se suele escuchar.

La fe y su objeto: ¿En qué creemos?

Ahora, por otro lado, la fe no es algo independiente que tenga valor en sí misma. Decir «hay que tener fe» o «la fe es algo beneficioso para el ser humano» son frases que no dicen mucho. ¿Por qué? Porque lo que realmente importa no es la fe por la fe misma, sino el objeto de esa fe. Una fe en cualquier cosa que no sea el Dios verdadero es perjudicial, pues se basa en cosas finitas, y algo finito no es suficiente para suplir nuestros anhelos y deseos que nunca terminan. Y según el propio cristianismo, esa fe no te llevará a una vida plena y contenta, sino que te consumirá en una búsqueda vacía y frustrante. Más que la fe, lo que verdaderamente importa es el objeto correcto para esa fe.

Por eso, el Credo no se limita a decir que un cristiano tiene fe, sino que continúa describiendo el contenido de su creencia: el Dios trino. Y el Credo se divide, precisamente, en tres partes: la descripción del Padre y su obra, del Hijo y su obra, y del Espíritu Santo y su obra.

Es fundamental entender esto porque la Trinidad es una de las características más grandes y exclusivas del cristianismo. Hay otras religiones monoteístas en el mundo, y a menudo se suele agrupar al cristianismo junto al judaísmo y el islam como «religiones abrahámicas». Sin embargo, la única fe que afirma un Dios que es a la vez tres personas y un solo Dios, es decir, el Dios de la Biblia, es la fe cristiana. Y esa visión de Dios lo cambia todo.

Si concebimos a Dios como el ser que es la perfección absoluta en todo, es decir, que posee todo lo bueno en grado supremo, y aún más, si entendemos, como afirman los cristianos, que todo lo bueno que experimentamos en nuestra realidad debe tener su origen en Él, entonces tenemos que ir mucho más allá de simplemente pensar en Dios como un ser con todo el poder, todo el conocimiento, todo el amor o toda la justicia.

Todos estaremos de acuerdo en que una de las cosas más hermosas y satisfactorias de nuestras vidas es la relación que tenemos con otros. Somos seres sociales, necesitamos a los demás, y disfrutamos de una buena compañía. Si esto forma parte de nuestra experiencia y es algo bueno, pensando como un cristiano, Dios, para ser absoluto, debe ser absolutamente comunidad y relación en sí mismo.De hecho, esto es exactamente lo que nos enseña la doctrina de la Trinidad. Dios, desde la eternidad, disfruta de una comunidad perfecta de sus tres personas, amándose y entregándose unas a otras. Dios no necesitó a nadie para amar antes de crear nada, porque Él ya tenía la relación de amor más perfecta en sí mismo. Dios no nos creó por soledad, ni por necesitar a alguien con quien compartir su amor. Dios es absoluto en sí mismo; Él ha creado todo por gracia, no por necesidad. Es en ese Dios absoluto que creen los cristianos, y por eso proclaman al unísono: ¡CREDO!

¿Continuamos esta charla?

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David Bello

agosto 12, 2025